MISION DE PASCUA EN PORTUGAL MARZO 2008

 

Ir de misión a Portugal es un regalo muy grande de Dios. Se encuentran las huellas de la mística aun frescas, a pesar de los siglos, en algunos casos como el de San Antonio de Padua (que allí se conoce como San Antonio de Lisboa, porque el nació en Lisboa). Su herencia espiritual y religiosa es de tan grandes proporciones que, a pesar de ocho siglos de su historia, apenas si se descubre el tamaño de su apostolado y a paso lento, porque son muy pocos los místicos que nacen y logran florecer en este mundo para dar luz y ayudar a descubrir los tesoros que hizo y dejó Dios por medio de un santo como San Antonio de Padua. Luego nos encontramos con la poderosa y ungida aparición de nuestra Señora de Fátima. Solo esa aparición le dio vida a tres grandes santos para Portugal y el mundo: Jacinta, Francisco y Lucía. Una gracia del cielo que ha traído tanta luz a la Iglesia y al mundo por casi un siglo. No cesan los milagros y no cesan las bendiciones alrededor de todo el mundo en la advocación de esta aparición. Cada vez que tengo el honor y la bendición de predicar en Fátima, entro en un estado de gozo y de paz que quedo elevado del piso durante mucho tiempo después de haber partido de allí.

 

El tema de la misión esta vez en Portugal fue la Pascua. Invitar a los fieles de hoy a compenetrarse en el misterio litúrgico de Pascua en  forma mística, es un gran desafío. Vivimos una Iglesia que esta muy fría y alejada de la mística de la fe. Sin embargo los Sacramentos, que yacen dormidos en el corazón de los fieles, son la puerta que el Espíritu Santo siempre toca, y durante esta estación litúrgica algunos corazones se abren y curiosamente, entre ellos, algunos que no se pudieron abrir en la cuaresma.

Prediqué en varias parroquias de Lisboa y también en la casa de oración de Irlanda para la comunidad de habla inglesa.

 

Partí para Beja, una ciudad a  tres horas de Lisboa. Allí participe en el congreso nacional carismático de la Divina Misericordia.  Fue organizado en el seminario mayor de Beja y tuvimos una participación numerosa. El pueblo de Dios en ese lado de Portugal es de procedencia mucho más humilde que el de Lisboa. Fue una experiencia muy linda y ungida. A veces sucede que la gente más humilde es más pronta a recibir con un corazón mas abierto toda la experiencia de Dios y puede llegar a asimilarla místicamente en un momento dado. Parece ser que entre mas abastecimiento material tiene el hombre, menos apetito para las cosas de Dios y viceversa.

 

Luego visité la isla de Madeira por segunda vez. Esta isla está a hora y media en avión desde Lisboa, ya adentrada a un costado de África por el océano atlántico. Una isla también llena de historia religiosa y a la vez asediada por la vecindad de la cultura africana supersticiosa y practicante de la antigua y peligrosa brujería.

 

El pueblo Católico de la isla es activo, las parroquias son muy bonitas y hay entusiasmo religioso en la gente. La isla vive del turismo. Es una bella isla llena de montañas  preciosas,  y  visitada por un gran número de cruceros turísticos de los más gigantescos del mercado marítimo. Tiene el record en el libro guiness por ser el puerto que más cruceros recibe en un solo día. Como en todas partes en la Iglesia Católica de hoy, no hay mucha mística en la fe, en la Doctrina. Es una religiosidad sin mucha espiritualidad. Pero el corazón del portugués es noble y receptivo, escucha espiritualmente.

Hay representantes de Dios como guardianes de la mística. Pude conocer una religiosa clarisa muy ungida, cabeza de su comunidad en la isla, y vistiendo su hábito franciscano,  podría decir que ella lleva la mística de su espiritualidad. A través de ella conocí un sacerdote, también franciscano, que busca con ojos de sincera ansiedad el rostro místico de Jesús.

Un Evangelio bien predicado, con el amor íntimo de Dios, con mística, puede hacer maravillas en medio de este pueblo Católico. Prediqué en Funchal, capital de la isla, en varias parroquias y tenemos diversas actividades preparadas con toda la diócesis para un realizar próximamente. Me alegra mucho pensar en regresar allá si Dios lo permite.

 

El Clero europeo y las comunidades religiosas, en su mayoría, no usan  hábito. Me siento a veces como si estuviera con protestantes. Esto no  quiere decir necesariamente que el hábito es señal de santidad, pero si es vida en la Tradición Sagrada de la Iglesia.  Esto nos diferencia enormemente de otras vertientes y misiones, nos explica mucho de lo que somos sin palabras, cuando caminamos en medio del mundo.

Hay mucho más envuelto en esto que solamente no usar el hábito. Hay cosas tan graves como estar afectado e influenciado por las expectativas y juicios de los demás, como vivir una doble vida, como abrir las puertas de la sensualidad al expresarse físicamente con el prójimo desde su vestido, el cual es un lenguaje corporal. El hábito regula la batalla de los sexos, haciendo neutral la expresión corporal del sacerdote o religioso.

El hábito preside en la calle en la procesión humana de las almas que viven el destierro y buscan identidad espiritual. Es un lenguaje silencioso, pero profundo y poderoso.

Podría enumerar un millón de razones por las cuales el hábito es un poder, un tesoro un arma.

Les gustaría a ustedes que el ejército de su país no usara uniforme?  No creo que a Dios le guste que Su ejército esté vestido como se visten los gentiles en la calle. O somos soldados o somos civiles, es:  si ,si o no no, según nos enseña el Evangelio. No podemos pretender vivir en los dos lados.

Oremos por Portugal que se enfrenta al materialismo de la nueva Europa que amenaza con devorar todas las Tradiciones Sagradas, la moral, los valores, los principios, la religión.

En Portugal tengo una familia espiritual y busco con amor y entusiasmo el momento de regresar.

Que Dios proteja la Tradición Sagrada de la Iglesia Católica de Portugal