CONGRESO MUNDIAL DE LA DIVINA MISERICORDIA MISION EN ROMA DEL 2 AL 6 de Abril de 2008.
Vivir esta experiencia en Roma es algo difícil de describir en palabras. La apertura del evento estuvo a cargo del Santo Padre Benedicto XVI quien el miércoles 2 en la plaza de San Pedro, celebró la Eucaristía por el descanso del alma del papa Juan Pablo II el día de aniversario de su muerte. Esta Eucaristía daba inicio al congreso apostólico mundial de la Divina Misericordia que se celebraba por primera vez en honor del fallecido Santo padre.
Acudimos católicos del mundo entero. Una oportunidad gloriosa de conocer y profundizar en los tesoros de la Iglesia Católica, en su diversidad de fieles y carismas y en su infinidad de testimonios poderosos de tantas avenidas del peregrinar de la Iglesia por el mundo dentro de nuestra fe.
Las actividades de las conferencias continuaron hasta el día 6 y en la mañana se celebraron las principales en la Basílica de San Juan Laterano, dirigidas por el Cardenal Schonborn de Austria a quien nombró el Santo padre como maestro de ceremonias.
Al medio día se realizó diariamente la Eucaristía, y era concelebrada por muchísimos cardenales, obispos y sacerdotes de todo el mundo. Durante la mañana, se dividió el horario entre charlas de una hora, y alabanza. Dentro de los variados temas hubo testimonios de laicos y reflexiones profundas sobre la Misericordia Divina predicadas por diferentes Cardenales.
Se sentía el llamado de las tropas de Jesús a un acuartelamiento a los pies de la silla de San Pedro, para recibir fortaleza, esperanza y la abundante gracia del mensaje de la Misericordia Divina revelado a Santa Faustina.
En las tardes se efectuaban diversas actividades, entre ellas talleres en diferentes idiomas los cuales se dictaban en varias iglesias y basílicas de Roma. En las noches se desarrollaban actividades culturales católicas de música, arte y teatro. Estas se efectuaron en plazas públicas históricas de Roma. Se realizaron misiones en las tardes donde se evangelizó en Roma a todos los turistas y transeuntes de toda clase que se pudieran encontrar al caminar, en las estaciones de trenes, parques y muchos otros lugares de la ciudad.
La combinación de carismas, de razas y tradiciones Católicas de los cuatro puntos cardinales de la tierra (todas en el mismo espíritu de la Iglesia Católica) nos daba esa visión universal de una Iglesia grandiosa que apenas si se está despertando. Una Iglesia inmensurable en carismas, en territorio geográfico y en territorio espiritual. Se sentía y se podía concebir con sencillez y facilidad que somos parte de una fuerza Divina que viene de lo alto. Que pertenecemos a una Iglesia que contiene todas las verdades. Que portamos las armas de un ejército poderoso que actúa bajo la Divina Comandancia de Jesucristo nuestro Señor ante quien toda rodilla se dobla, como dice la palabra. Estábamos rindiéndole honor y gloria al Divino Comandante de la Misericordia.
A medida que pasaban los días, se veía como los rostros de los participantes brillaban más y más con la unción de unos días benditos por la fuerza de la presencia del Espíritu Santo del cual recibimos un océano de luz y de gracias. Se que estas gracias se esparcieron por toda la tierra al regresar las tropas de Cristo a sus respectivos territorios de batalla espiritual en sus países. La Iglesia con seguridad se llenó mucho más de Misericordia. La memoria del papa Juan Pablo II se vivíó durante todo el tiempo, se sentía su presencia espiritual, lo mismo que la de Santa Faustina.
El ultimo día se vivió en medio de una gran fiesta litúrgica en la Basílica de San Pedro donde el cardenal Schonborn de Austria junto con muchos otros cardenales y obispos, celebró una Eucaristía hermosa y engalanada con todas las joyas espirituales, de una novia que abrazaba a Su Divino novio, con las corales mas preciosas donde se unieron voces de profunda unción que habían venido de toda la tierra.
Partimos después de esta semana llena de santidad, como quien parte preparado con una porción doble del Espíritu Santo y dispuesto a luchar la buena batalla del Evangelio sin importar el enemigo y los obstáculos que habrá de enfrentar en el camino peregrino de nuestra Iglesia. Esto fue un sentimiento común que se compartió abundantemente.
La invitación es para el próximo año en la misma fecha. Que Jesús de la Divina Misericordia llevando de Su mano Divina a Su secretaria Santa Faustina y a Su siervo fiel Juan Pablo II, inspiren miles y miles de católicos para que participen en esta gran fiesta el próximo año.